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LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS DEL ENFERMO DE INFARTOLA EXPERIENCIA del infarto (IAM: infarto agudo del miocardio), determina cambios existenciales y emocionales, los más frecuentes de los cuales son la ansiedad y la depresión. El estudio de estos pacientes ha permitido definir una serie de respuestas a las distintas fases de la enfermedad, que tienen un reflejo importante en el curso del proceso de recuperación. SUJETOS DE RIESGO No es posible afirmar que existe un tipo de "personalidad coronaria”, pero no hay duda de que la enfermedad isquémica se detecta con mayor frecuencia e intensidad entre sujetos con determinados rasgos. Estos sujetos, esquemáticamente, pertenecen a la categoría de los luchadores, ávidos de poder y constantemente ocupados en alcanzar el éxito; siempre bajo presión, sienten como una culpa cada minuto que pasa y no saben aprovechar. En general, no son inútilmente hostiles, pero si alguien osa interponerse entre ellos y sus objetivos, son capaces de las más duras represalias. La mayor incidencia de accidentes coronarios en estos sujetos ambiciosos e hiperactivos se halla probablemente ligada a sus in tensas reacciones ante las circunstancias de la vida diaria que escapan a su control y que acaban por provocar un exceso de secreción de noradrenalina. Esta hormona suprarrenal determina a su vez un aumento de los niveles lipídicos en sangre y de la presión arterial y una mayor tendencia a la trombosis. Considerados por separado, ninguno de estos factores psicosociales que caracterizan el tipo coronario puede considerarse peligroso, aunque juntos y actuando durante un largo periodo de tiempo acaban precipitando una isquemia latente en una angina de pecho o en un infarto, situaciones que a menudo resultan fatales. La importancia de los factores psicosociales en la patogénesis de la enfermedad isquémica del corazón y de sus expresiones extremas (angina de pecho e infarto de miocardio) justifica ampliamente el englobamiento de estas formas patológicas entre las enfermedades definidas, con un término quizá no rigurosamente correcto pero sí muy expresivo, como psicosomáticas. EFECTOS PSICOLÓGICOS DEL INFARTONo menos importantes son las consecuencias de la enfermedad sobre las características psicosociales de los individuos que han sobrevivido a una crisis de angina de pecho o a un episodio de infarto. En general, y siempre esquematizando un poco, las reacciones de estos pacientes y su forma de afrontar la experiencia sufrida y sus consecuencias pueden ser de cuatro tipos: • aceptación realista de lo sucedido y disponibilidad racional a valerse de todos los recursos para recuperar la mejor salud posible; • tendencia a perpetuar el papel de enfermo en un estado permanente de depresión y de ansiedad, con frecuentes conversiones de la ansiedad en una sintomatología física; • negación de lo sucedido y restablecimiento de una vida normal como si nada hubiese sucedido; • instrumentalización de la “enfermedad de corazón” para dominar y controlar al prójimo, aprovechándose de su disponibilidad. Resulta fácil comprender que los comportamientos de los distintos tipos de pacientes puedan variar en función de su estado social, de su cultura y de la identidad psíquica anterior a la enfermedad isquémica, a menudo con importantes consecuencias sobre el seguimiento de las prescripciones médicas y por consiguiente con muy diversas perspectivas de pronóstico. Merece la pena recordar a tal respecto las consecuencias de dos actitudes típicas que se registran inmediatamente después de un infarto: miedo o negación de lo sucedido. El miedo intenso puede provocar una grave alteración del ritmo cardíaco, que puede acabar con la muerte del paciente. La negación o la minimización del ataque pueden inducir un peligroso retraso a la hora de pedir ayuda médica, a veces en perjuicio grave de la propia supervivencia del paciente. LA HOSPITALIZACIÓNEl estudio de las dificultades psicológicas a las que han de enfrentarse las víctimas de infarto durante la convalecencia y la recuperación ha permitido distinguir dos fases críticas en el periodo que sigue a un episodio agudo. • Primera fase o post-aguda, caracterizada por el internamiento en una unidad de terapia intensiva, con personal especializado y asistencia continuada. La respuesta emocional oscila entre dos polos: ansiedad o depresión, en respuesta a una enfermedad considerada grave, potencialmente incapacitante. En relación a dicha respuesta, el internamiento en un departamento especializado ejerce una función de contención y de tranquilización, observada de forma bastante clara después del miedo que ha acompañado a la sospecha de un ataque de corazón. Los elementos que favorecen la tranquilización del paciente son la eficiencia del equipo médico, la monitorización continua, la atención y los cuidados individuales, la probabilidad de disponer de una habitación individual y la posibilidad de recibir frecuentes visitas de familiares y de personas allegadas. La negación de la gravedad de la enfermedad tiene una función protectora, sobre todo en un ambiente como la unidad coronaria, en el que prácticamente el paciente no ha de realizar ninguna elección que pueda influir en su salud, responsabilidad ésta delegada temporalmente en los médicos y personal sanitario. La respuesta emocional a la hospitalización está condicionada por la personalidad del paciente antes de la enfermedad, por lo que los sujetos con rasgos ansioso-depresivos se ven menos beneficiados por su estancia en una unidad coronaria, situación que a menudo contribuye a alterarlos. Segunda fase: el paciente es dado de alta en la unidad de terapia intensiva y traslada do al departamento de medicina. Este cambio da lugar a respuestas emocionales modestas y de corta duración, dependientes también de la personalidad del individuo: al 43 % de los individuos que han sufrido un infarto les disgusta el cambio, mientras que los sujetos deprimidos lo aceptan con especial entusiasmo. Influencia de las respuestas psicológicas al infarto en el proceso de recuperaciónNegación de la gravedadSe asocia a una vuelta precoz al trabajo, a una menor incidencia de recidivas y a un restablecimiento más rápido de una actividad sexual satisfactoria. Depresión Se asocia a una mayor incidencia de recidivas y a una mayor dificultad para la reinserción laboral. Ansiedad Provoca, incluso meses o años después del episodio agudo, un aumento de los problemas familiares, sociales y laborales. Miedo a las recidivasConstituye la principal causa de un restablecimiento tardío e insatisfactorio de la actividad sexual. A menudo se asocia a una clara disminución de la libido. Tendencia a identificar la causa de la enfermedad con el estrés pre-morboso Constituye un estímulo al cambio de trabajo y puede ser un obstáculo en el proceso de recuperación de la capacidad laboral anterior al ataque, pero también un impulso a buscar una ocupación más adecuada a las posibilidades del sujeto. Preocupación por su propio estado de salud A menudo incluye también preocupación por su aspecto físico y puede asumir connotaciones marcadamente hipocondríacas, favoreciendo actitudes regresivas y de renuncia en el paciente y comportamientos hiperprotectores en los f amiliares. Sentimientos de abandono y de marginación Obstaculizan el proceso de reatribución de los papeles familiares tras el alta en el hospital. Reacciones psíquicas de la víctima de infartoLa ansiedad es la manifestación psíquica que se observa con mayor frecuencia entre los pacientes internados en una unidad coronaria por infarto de miocardio; sin embargo, no siempre está presente, como en general se cree. Según una serie de estudios, el 25 % de los internados no muestra signos evidentes de ansiedad, mientras que el 5 % presenta intensa ansiedad; entre estos dos extremos existe toda una serie de reacciones que afectan al 70 % de los enfermos de infarto. Se ha demostrado que no existe una relación exacta entre la gravedad de los síntomas del infarto y la entidad de las manifestaciones de ansiedad. Estas derivan del miedo a una muerte súbita o del temor a la repetición del dolor torácico o de las palpitaciones, así como de la sensación de extrema debilidad que afecta a estos enfermos y que ellos tienden a considerar como un hecho irreversible que condicionará toda su vida futura. La segunda manifestación psíquica que se da con frecuencia entre los enfermos de infarto es un estado depresivo que se instaura como reacción a la grave enfermedad que les ha afectado, pero que rara vez asume carácter de gran intensidad. El sujeto se muestra triste, pesimista y sin interés por cuanto le rodea y presenta de presión tanto física como psíquica. No obstante, sólo 5 de cada 100 pacientes de infarto sufre graves trastornos depresivos, un 25 % muestra signos evidentes de depresión, y el 70 % restante oscila entre un estado depresivo leve y uno moderado. En estos pacientes la causa de la depresión es el miedo a una recaída, a tener que reducir la actividad laboral y la sexual y a convertirse en unos inválidos. |
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